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El pintor, con su obra,
en el Concello de Baiona. /
pablo martínez
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El artista
expone acuarelas, pasteles y aguadas en el
Concello de Baiona.
Iglesias
Viqueira / baiona
Diseñador de
porcelanas, decorador de oficio y dibujante
vocacional, colaboró en la empresa de que Vigo
fuese referencia mundial en el mercado de
vajillas. Expone en la lonja del concello
baionés y ya tiene apalabrada otra cita, en
Caixanova. -¿Con qué técnica pictórica se
siente más cómodo? -Estoy abierto a
cualquier técnica nueva. También pinto al óleo.
Me reafirmo en la acuarela, donde Rafael Vázquez
Alonso, Guillot y Secundino Diz son valores
sonoros para mí. -Parece inevitable hablar
de precios. -Son deliberadamente módicos. No
predomina el afán de lucro y sí el deseo de que
se lleven la obra. -¿Qué pinta la fotografía
para el artista? -Para mí, nada. La
fotografía distorsiona la imagen. Si busco luz,
acudo un día y otro día. Hago el boceto y vuelvo
a lo mismo. -A veces se habla de trampas, de
recursos... -Todas y todos para alcanzar un
resultado. Piénsese que yo hago lo que
llamaríamos pintura espontánea. Se salva o no se
salva el cuadro. Lo esencial es que no se
adviertan los retoques. -¿Qué puede ocurrir?
-Que un cielo me haya salido a pedir de boca y
que la montaña sea un desastre, por los tonos.
Pues hay que romper y empezar de nuevo.
-¿Qué ocurre con los marcos? -Coloco la
misma moldura para evitar algo que se repite:
que el espectador adquiera un cuadro..., pero le
satisfaga el marco de otro. -¿Establece de
antemano los tiempos de ejecución? -Es
difícil precisarlo. Se realiza en función de la
composición, del empeño que requiera. -¿Cómo
vienen dados los tamaños? -Según lo que se
pretenda hacer, así acude el encuentro una
dimensión u otra. Lo da la experiencia, el codo
a codo con la paleta. Lo fundamental es lo que
se pinta y cómo se pinta.
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